Italo Calvino
martes, 1 de noviembre de 2011
[...]
"El camino que le queda es éste: se dedicará de ahora en adelante más al conocimiento de sí mismo, explorará la propia geografía interior, trazará el diagrama de los movimientos de su ánimo, obtendrá sus fórmulas y sus teoremas, apuntará su telescopio a las órbitas trazadas por el curso de su vida y no a las órbitas de las constelaciones. «No podemos conocer nada exterior a nosotros pasando por encima de nosotros mismos -piensa ahora-, el universo es el espejo donde podemos contemplar sólo lo que hayamos aprendido a conocer en nosotros.»"
Italo Calvino
Italo Calvino
jueves, 20 de octubre de 2011
"Al alma hay que darle de comer...
... un poco se azúcar del estero, un poco de risa y caramelos"
Puede que no lo entiendan o puede que me consideren exagerada, pero si no lo sienten como yo lo siento, el gasto de dinero vale absolutamente NADA.
La espera por escuchar en vivo esas canciones se vuelve mínima al lado de la satisfacción al llegar el momento, tratar de explicar lo que siento resulta inmensamente complejo.
Es como si mi alma naciera, como si la razón saliera flotando por mis oídos a la vez que los acordes y la voz me consumen, como mi cabeza solo procesa las letras y el sentido enorme que tienen. Mi corazón se estremece sobre todo ahora, que por mi mente ningún rostro se aparece, lo que hace que la música resuene en su máximo esplendor.
Mi cuerpo flota y mis manos tiemblan, siento como mis ojos brillan y reflejan el rostro de mi artista amando lo suyo, amando su arte, entregándola y produciéndola para mí, para volver a sentir. Sentirme llena y a la vez vacía, ganas de llorar y a la vez de reír.
Es no querer salir de ese estado anímico perfecto nunca más y todo pierde importancia y solo necesito vivir, nada más que vivir esa emoción que me consume, la que deriva en paz absoluta.
Salgo más liviana de un concierto, la carga se fue junto con la melodía por la sala... se extendió por cada rincón. Es la terapia, aunque momentánea, más efectiva y ya la tuve dos veces este mes, aun así me parece poco.
Lo desagradable que resulta luego volver a tocar tierra, salir de ese estado perfecto me pone de mal genio, como si fuese la culpa del resto el que el momento no fuera eterno; mi alma se está quebrando y desintegrando, pero aun así me quedo con la sensación, con el corazón apretado y mi estomago dando vueltas agradablemente.
Me quedo con las horas en que conseguí lo que siempre anhelo iconscientemente: escapar de lo que no me gusta ser y estar solo conmigo, con lo verdadero de mí.
No hay sensación que conozca aun, que se parezco a esto... es única y para mí, lo es todo.
Puede que no lo entiendan o puede que me consideren exagerada, pero si no lo sienten como yo lo siento, el gasto de dinero vale absolutamente NADA.
La espera por escuchar en vivo esas canciones se vuelve mínima al lado de la satisfacción al llegar el momento, tratar de explicar lo que siento resulta inmensamente complejo.
Es como si mi alma naciera, como si la razón saliera flotando por mis oídos a la vez que los acordes y la voz me consumen, como mi cabeza solo procesa las letras y el sentido enorme que tienen. Mi corazón se estremece sobre todo ahora, que por mi mente ningún rostro se aparece, lo que hace que la música resuene en su máximo esplendor.
Mi cuerpo flota y mis manos tiemblan, siento como mis ojos brillan y reflejan el rostro de mi artista amando lo suyo, amando su arte, entregándola y produciéndola para mí, para volver a sentir. Sentirme llena y a la vez vacía, ganas de llorar y a la vez de reír.
Es no querer salir de ese estado anímico perfecto nunca más y todo pierde importancia y solo necesito vivir, nada más que vivir esa emoción que me consume, la que deriva en paz absoluta.
Salgo más liviana de un concierto, la carga se fue junto con la melodía por la sala... se extendió por cada rincón. Es la terapia, aunque momentánea, más efectiva y ya la tuve dos veces este mes, aun así me parece poco.
Lo desagradable que resulta luego volver a tocar tierra, salir de ese estado perfecto me pone de mal genio, como si fuese la culpa del resto el que el momento no fuera eterno; mi alma se está quebrando y desintegrando, pero aun así me quedo con la sensación, con el corazón apretado y mi estomago dando vueltas agradablemente.
Me quedo con las horas en que conseguí lo que siempre anhelo iconscientemente: escapar de lo que no me gusta ser y estar solo conmigo, con lo verdadero de mí.
No hay sensación que conozca aun, que se parezco a esto... es única y para mí, lo es todo.
Gracias Jorge Drexler, Javier Barría y
Lisandro Aristimuño, sus canciones
y su entrega son gran parte de mi vida y mi ser.
Lisandro Aristimuño, sus canciones
y su entrega son gran parte de mi vida y mi ser.
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Mas alla de la pantalla
domingo, 25 de septiembre de 2011
Cerró su casa
Se prometió nunca más decirle te quiero, te extraño.
Se prometió nunca más tomar su mano.
Cerró la casa y puso pestillo a las ventanas.
Gritó que el cielo ya no era rojo.
Gritó que el mar no era tan fuerte.
Cerró la casa, olvidó el jardín y a los pájaros.
Le dijo que fuera feliz y que marchase en paz.
Le dijo que su piel ya no era tan suave, ni sus ojos tan brillantes.
Cerró la casa y no dejó entrar la luz.
Susurró a su oído que el té de mango se había acabado.
Susurró a su oído que la voz se había quebrado.
Cerró su casa y no miró más las estrellas.
Se dijo que el piso crujía menos.
Se dijo que el respiro fue efímero.
Cerró su casa, quedó afuera la templanza.
Le dio una sonrisa y afirmó tranquilidad.
Le dio una sonrisa y achicó los ojos al verlo girar.
Cerró la casa, negó una nota.
Escribió en el muro la última canción.
Escribió en el muro la última palabra.
Cerró la casa, no siguió sus pasos.
Se prometió nunca más tomar su mano.
Cerró la casa y puso pestillo a las ventanas.
Gritó que el cielo ya no era rojo.
Gritó que el mar no era tan fuerte.
Cerró la casa, olvidó el jardín y a los pájaros.
Le dijo que fuera feliz y que marchase en paz.
Le dijo que su piel ya no era tan suave, ni sus ojos tan brillantes.
Cerró la casa y no dejó entrar la luz.
Susurró a su oído que el té de mango se había acabado.
Susurró a su oído que la voz se había quebrado.
Cerró su casa y no miró más las estrellas.
Se dijo que el piso crujía menos.
Se dijo que el respiro fue efímero.
Cerró su casa, quedó afuera la templanza.
Le dio una sonrisa y afirmó tranquilidad.
Le dio una sonrisa y achicó los ojos al verlo girar.
Cerró la casa, negó una nota.
Escribió en el muro la última canción.
Escribió en el muro la última palabra.
Cerró la casa, no siguió sus pasos.
"Compró venditas y las puso donde más le dolía, donde más le costaba sanar"
*Gracias Javier Barría
viernes, 23 de septiembre de 2011
Miserias
¿A quién engaño?
No puedo conmigo.
No puedo preocuparme por mí.
No puedo hacer las cosas por mí.
No puedo decidir por mí.
Todo es temporal.
Soy demasiado dependiente.
Esto me hace sentir MISERABLE como persona y me siento TONTA por creer cosas que no son.
No puedo conmigo.
No puedo preocuparme por mí.
No puedo hacer las cosas por mí.
No puedo decidir por mí.
Todo es temporal.
Soy demasiado dependiente.
Esto me hace sentir MISERABLE como persona y me siento TONTA por creer cosas que no son.
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