Cuando el "me cuesta" se oculta tras el "no me interesa".
Cuando por vergüenza te sigues guardando las cosas.
Quiero acostarme y, al despertar, volver a tener a tener 12 años...
miércoles 21 de marzo de 2012
martes 6 de marzo de 2012
Bajo los cuervos
Me mira todas las mañana cuando despierto por el costado izquierdo y me recuerda una de mis incapacidades, me dice:
"¿No crees que me falta un poco de color?"
Con el sueño me siento incapaz de tomarle atención, me doy media vuelta y lo ignoro. Cada madrugada lo mismo, cada palabra la siento como una cátedra de mi vida.
A veces no puedo ignorarlo y observo su capa con ausencia de tonalidad y movimiento gracias a las inexistentes sombras, lleva casi dos años con sus diarias demandas y cada víspera del radiante sol y de las precarias lluvias tiendo a dar promesa de, por fin, concederle la vida que tanto anhela.
Cuando salgo de la casa a veces me persigue, aparece cuando siento un lejano sonido a bronce, cuando las reinas y los peones sueles danzar por sus diferentes destinos, cuando las vitrinas me hacen replantearme mis excesos y las frustraciones que cargo.
Por momentos me deja tranquila pero es cada noche cuando sagradamente se empeña en invadir mis pensamientos y en conversar conmigo sobre las metas del día siguiente, siempre son las mismas: "ya, mañana sí".
Sé que debe estar molesto conmigo, sé que le he fallado y sé que algún día no veré su rostro si no una capa que le cubra el cuello seguido por el sombrero y su larga nariz desaparecerá, su espalda será la que me vea despertar en un acto de indignación pero, por las noches, mientras duermo, seguirá reflexionando sobre mí y, quizás, me perseguirá en sueños. Se volteará y me mirará en la profundidad de la noche cuando el cuerpo se apaga y pensará, antes de cambiar de horizonte:
"Cuando me dé la vida, se sentirá capaz de hacer cualquier cosa."
"¿No crees que me falta un poco de color?"
Con el sueño me siento incapaz de tomarle atención, me doy media vuelta y lo ignoro. Cada madrugada lo mismo, cada palabra la siento como una cátedra de mi vida.
A veces no puedo ignorarlo y observo su capa con ausencia de tonalidad y movimiento gracias a las inexistentes sombras, lleva casi dos años con sus diarias demandas y cada víspera del radiante sol y de las precarias lluvias tiendo a dar promesa de, por fin, concederle la vida que tanto anhela.
Cuando salgo de la casa a veces me persigue, aparece cuando siento un lejano sonido a bronce, cuando las reinas y los peones sueles danzar por sus diferentes destinos, cuando las vitrinas me hacen replantearme mis excesos y las frustraciones que cargo.
Por momentos me deja tranquila pero es cada noche cuando sagradamente se empeña en invadir mis pensamientos y en conversar conmigo sobre las metas del día siguiente, siempre son las mismas: "ya, mañana sí".
Sé que debe estar molesto conmigo, sé que le he fallado y sé que algún día no veré su rostro si no una capa que le cubra el cuello seguido por el sombrero y su larga nariz desaparecerá, su espalda será la que me vea despertar en un acto de indignación pero, por las noches, mientras duermo, seguirá reflexionando sobre mí y, quizás, me perseguirá en sueños. Se volteará y me mirará en la profundidad de la noche cuando el cuerpo se apaga y pensará, antes de cambiar de horizonte:
"Cuando me dé la vida, se sentirá capaz de hacer cualquier cosa."
sábado 3 de diciembre de 2011
Paciencia
No sé que es peor:
1)Aguantar 5 años en una carrera tan difícil para mí y tener puras notas mediocres.
2)Tener que soportar a mis imbéciles compañeros que predican su postura revolucionaria pero no la cumplen, reclaman y se quejan sin tener mucha idea de las cosas y se compran todo lo que les dicen los demás, además de que se comportan igual que a esos "fachos" que tanto critican con su intolerancia y lo cerrados de mente que son, y que llaman "amarillo" a cualquiera que no piense como ellos. No tengo paciencia para tanta imbecilidad junta... radicalidad de cualquier lado tiene un aporte igual de mínimo para intentar cambiar algo.
La Universidad requiere más sacrificio aun del que uno imagina...
1)Aguantar 5 años en una carrera tan difícil para mí y tener puras notas mediocres.
2)Tener que soportar a mis imbéciles compañeros que predican su postura revolucionaria pero no la cumplen, reclaman y se quejan sin tener mucha idea de las cosas y se compran todo lo que les dicen los demás, además de que se comportan igual que a esos "fachos" que tanto critican con su intolerancia y lo cerrados de mente que son, y que llaman "amarillo" a cualquiera que no piense como ellos. No tengo paciencia para tanta imbecilidad junta... radicalidad de cualquier lado tiene un aporte igual de mínimo para intentar cambiar algo.
La Universidad requiere más sacrificio aun del que uno imagina...
martes 1 de noviembre de 2011
[...]
"El camino que le queda es éste: se dedicará de ahora en adelante más al conocimiento de sí mismo, explorará la propia geografía interior, trazará el diagrama de los movimientos de su ánimo, obtendrá sus fórmulas y sus teoremas, apuntará su telescopio a las órbitas trazadas por el curso de su vida y no a las órbitas de las constelaciones. «No podemos conocer nada exterior a nosotros pasando por encima de nosotros mismos -piensa ahora-, el universo es el espejo donde podemos contemplar sólo lo que hayamos aprendido a conocer en nosotros.»"
Italo Calvino
Italo Calvino
Etiquetas:
Literatura
jueves 20 de octubre de 2011
"Al alma hay que darle de comer...
... un poco se azúcar del estero, un poco de risa y caramelos"
Puede que no lo entiendan o puede que me consideren exagerada, pero si no lo sienten como yo lo siento, el gasto de dinero vale absolutamente NADA.
La espera por escuchar en vivo esas canciones se vuelve mínima al lado de la satisfacción al llegar el momento, tratar de explicar lo que siento resulta inmensamente complejo.
Es como si mi alma naciera, como si la razón saliera flotando por mis oídos a la vez que los acordes y la voz me consumen, como mi cabeza solo procesa las letras y el sentido enorme que tienen. Mi corazón se estremece sobre todo ahora, que por mi mente ningún rostro se aparece, lo que hace que la música resuene en su máximo esplendor.
Mi cuerpo flota y mis manos tiemblan, siento como mis ojos brillan y reflejan el rostro de mi artista amando lo suyo, amando su arte, entregándola y produciéndola para mí, para volver a sentir. Sentirme llena y a la vez vacía, ganas de llorar y a la vez de reír.
Es no querer salir de ese estado anímico perfecto nunca más y todo pierde importancia y solo necesito vivir, nada más que vivir esa emoción que me consume, la que deriva en paz absoluta.
Salgo más liviana de un concierto, la carga se fue junto con la melodía por la sala... se extendió por cada rincón. Es la terapia, aunque momentánea, más efectiva y ya la tuve dos veces este mes, aun así me parece poco.
Lo desagradable que resulta luego volver a tocar tierra, salir de ese estado perfecto me pone de mal genio, como si fuese la culpa del resto el que el momento no fuera eterno; mi alma se está quebrando y desintegrando, pero aun así me quedo con la sensación, con el corazón apretado y mi estomago dando vueltas agradablemente.
Me quedo con las horas en que conseguí lo que siempre anhelo iconscientemente: escapar de lo que no me gusta ser y estar solo conmigo, con lo verdadero de mí.
No hay sensación que conozca aun, que se parezco a esto... es única y para mí, lo es todo.
Puede que no lo entiendan o puede que me consideren exagerada, pero si no lo sienten como yo lo siento, el gasto de dinero vale absolutamente NADA.
La espera por escuchar en vivo esas canciones se vuelve mínima al lado de la satisfacción al llegar el momento, tratar de explicar lo que siento resulta inmensamente complejo.
Es como si mi alma naciera, como si la razón saliera flotando por mis oídos a la vez que los acordes y la voz me consumen, como mi cabeza solo procesa las letras y el sentido enorme que tienen. Mi corazón se estremece sobre todo ahora, que por mi mente ningún rostro se aparece, lo que hace que la música resuene en su máximo esplendor.
Mi cuerpo flota y mis manos tiemblan, siento como mis ojos brillan y reflejan el rostro de mi artista amando lo suyo, amando su arte, entregándola y produciéndola para mí, para volver a sentir. Sentirme llena y a la vez vacía, ganas de llorar y a la vez de reír.
Es no querer salir de ese estado anímico perfecto nunca más y todo pierde importancia y solo necesito vivir, nada más que vivir esa emoción que me consume, la que deriva en paz absoluta.
Salgo más liviana de un concierto, la carga se fue junto con la melodía por la sala... se extendió por cada rincón. Es la terapia, aunque momentánea, más efectiva y ya la tuve dos veces este mes, aun así me parece poco.
Lo desagradable que resulta luego volver a tocar tierra, salir de ese estado perfecto me pone de mal genio, como si fuese la culpa del resto el que el momento no fuera eterno; mi alma se está quebrando y desintegrando, pero aun así me quedo con la sensación, con el corazón apretado y mi estomago dando vueltas agradablemente.
Me quedo con las horas en que conseguí lo que siempre anhelo iconscientemente: escapar de lo que no me gusta ser y estar solo conmigo, con lo verdadero de mí.
No hay sensación que conozca aun, que se parezco a esto... es única y para mí, lo es todo.
Gracias Jorge Drexler, Javier Barría y
Lisandro Aristimuño, sus canciones
y su entrega son gran parte de mi vida y mi ser.
Lisandro Aristimuño, sus canciones
y su entrega son gran parte de mi vida y mi ser.
Etiquetas:
Aristimuño,
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escuchando a drexler,
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